Adolfo Barnatán expone «1492» en recuerdo del dolor de los judíos expulsados

02/Oct/2014

El Diario, España

Adolfo Barnatán expone «1492» en recuerdo del dolor de los judíos expulsados

«Los pinté en 1992,
año del 500 aniversario de la expulsión -ha explicado a Efe- y tuve el
sentimiento de estar entre toda esa gente que se tuvo que ir o que terminó en
la hoguera, o de otros que se quedaron y se convirtieron al cristianismo. Hubo
gran cantidad de judíos sefarditas que se repartieron por el mundo».
Los cuadros, grandes
lienzos abstractos en acrílico y grafito, en blanco y amarillo que expanden la
luz, forman una colección que Adolfo Barnatán, judío sefardita, nunca ha
vendido y de la que nunca se ha separado.
«Quise ahora volver
a enseñar los cuadros que un día, esté yo (aquí) o esté muerto, tendrán que ir
a algún sitio todos juntos. Estoy dispuesto a donarlos para que se expongan y
se queden para siempre, porque son especiales para mi», ha asegurado.
Adolfo Barnatán, nacido
en París en 1951, se trasladó a Argentina muy pronto con sus padres y en 1965
se instaló definitivamente en Madrid. Desde los años 70 ha expuesto de forma
regular sus pinturas y esculturas, así como las joyas, en España y también en
algunas ciudades como Nueva York.
El artista cree que para
que llegue la paz a Israel y Palestina es obligado que exista un estado
palestino unido y que Jerusalén sea ciudad internacional, en la que vivan las
tres culturas que hay: la cristiana, la judía y la musulmana.
«Mis abuelos eran
palestinos y yo he luchado mucho por eso y creo que en algún momento tendrá que
ser así, porque de otra manera existirá el conflicto siempre y al final lo que
desaparecerá será el estado de Israel. El mundo árabe es inmenso e Israel muy
pequeño».
Entre las obras, destacan
«La lágrima milenaria», que «tiene -dice- una historia
relacionada con lo que lloraron los judíos expulsados y lo que sintieron».
«La Oración» se
refiere a la oración mas importante de los judíos: ‘Oye Israel, Dios es uno,
Dios es nuestro’. «Yo no soy muy religioso, pero espiritualmente me siento
judío y mi alma es judía hasta la médula; este cuadro es muy importante para mi
y lo tengo en mi estudio», ha aclarado.
En «Toledo y
Jerusalén», dos ciudades aparecen unidas por un sol, la mitad en cada una
de ellas; mientras que en «La Santa Inquisición» se puede adivinar
una cruz y es una obra más violenta, con algo de azul oscuro.
Se incluyen también en la
colección «Adan y Eva, homenaje a Durero», «Paisajes de
Castilla» y «Cúpula, de dónde?», donde se ve la cúpula de una
sinagoga, quizá la de Córdoba, de la que el artista se declara enamorado y de
la que se cumplen ahora 700 años.
La cábala y los
estudiosos de los textos sagrados judíos están presentes en una serie de tres
obras titulada «Alegría» y en «Safel», visión de un
cementerio de esta pequeña ciudad de Israel en la que los cabalistas que
salieron en 1492 estudiaron la cábala y están enterrados.
La exposición muestra esculturas
de otras épocas, entre las que destacan las tituladas «Túnel del
tiempo», dos instalaciones con soles o espirales del año 2000, todas
móviles, que revelan la influencia del escultor Martín Chirino.
«Chirino es el gran
maestro, el mejor escultor español vivo, solo él, con diferencia», dice, y
cita también entre los artistas que le han influido Durero, Brancusi, El Bosco,
Camille Claudel y Rodin, con quien a veces se enoja porque «se portó muy
mal con Camille», concluye.